En un aullido de perro, la voz desesperada de mi madre
En el goteo de una llave, el dolor de mi padre
En la brisa que se cuela en mi ventana, el llanto de una mujer
Y en el calofrío de aquella brisa en mi espalda, el entumecimiento febril
De mi esperanza.
Rezo, Rezo, Rezo, al corazón de los virtuosos que acompañan al Padre
Imploro con devoción a la madre de Dios para que perdone estas palabras
Pues bien sabe ella que debiera estar con todo el peso de mi existencia sobre mis rodillas.
Aun así, rezo por mi madre, rezo por mi padre
y rezo un ahogado y culpable grito
Por la soledad solitaria de aquella mujer.
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