Es en la ciudad perdida
Ser en ella
Bajo aquellas estrellas que relampaguean de veras
Bajo el tibio y fértil suelo soy por fin
¡qué no existe!
Vi a personas sin atavíos deambular en ella,
Alimentarse de sus frutos
Eran miles o millones: no lo sé
La mayoría mantenían una posición poco usual
Yacían decúbito dorsal bajo el alero de las múltiples arboledas que allí habían,
Como momificadas, con la cabeza erguida mirando, otras con la cabeza en descanso,
Otras mirando un punto fijo y otras simplemente con la mirada centelleante
Este escenario particular se parecia demasiado al infierno o al paraíso; todavía no lo decido.
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