viernes, 10 de octubre de 2008

Hotel Nacional, La Musiquilla de las Pobres Esferas, Enrique Lihn.

Atraes el vacío en el lugar en que te detie-
nes a vivir, esa desatención del
cielo que blanquea ahora como
una gran campana
de vidrio nada y sol alrededor del Hotel
Nacional, y quieres compren-
derlo:
temes -con sobrados motivos- no haber
aprendido verdaderamente tu
verdadero papel y ser
un principiante a la edad en que los actores
jubilan,
un viejo actor incapaz de situarse en el
drama real, tartamudeando,
al dictado de una tribu de sombras, tu in-
completa historia de siempre.
El miedo se rodeaba allí de esos exorcismos
inútiles que afluían al galpón,
las primeras obscenidades
oro incienso mirra temblorosos,
y una constelación de nombres de muchachas
con que anunciar, en el pesebre del sexo, al
hilo de la voz, nuestra perpleji-
dad de haber nacido otra vez
a un mundo en que los ángeles eran una
vergüenza.
Y esa vieja verdad magnífica: el deseo no te
fue transmitida ni aun por la
sombra de la sombra
de la serpiente en el paraíso baldío;
la tradición guardaba en secreto el misterio:
un lamentable silencio sobre el
génesis de camas separadas bajo
la asexualidad de la cruz y el
retrato de los abuelos en su an-
cianidad esencial incomprensi-
blemente progenitores.
Cuerpo que había que crear a partir del al-
ma arrojándola al barro, pre-
parando una mezcla que se
suponía infernal con poluciones
nocturnas babas y lágrimas,
y ese amor del que nunca has probado el
fruto sin haber sido previamen-
acosado en la sangre por la
sed en la carne por la tristeza en
el corazón por todos los excesos
del espíritu: duda, persistente
sensación de fracaso, timidez,
ambiciones desmesuradas.
En el escenario no hay luz, solo esta blancu-
ra del sol que alumbra más allá
esta ciudad demasiado real para tu historia
en que la Historia reina como
en una colmena fecundandolo
todo,
mientras en tu cabeza es el enjambre oscuro:
trabajo de observarte fríamente
vivir
-”la soledad sólo trae castigos”- a una
imprudente distancia del
mundo.

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AUTOR

- No leer las paginas culturales de los diarios; - Lavarse las manos antes de ingerir alimentos; - No salir, salvo emergencia, del domicilio; - Escuchar a las personas de acción que hablan poco.